TODOS LLEVAMOS UNA ARMADURA

¿DE QUE NOS PROTEGE?

Tendemos a crear una armadura imaginaria principalmente como un mecanismo de defensa psicológica para protegernos de vulnerabilidades emocionales, inseguridades o dolor, actuando como un escudo invisible. Esta coraza mental oculta nuestra verdadera identidad y nos permite enfrentar el mundo, aunque a veces puede convertirse en una prisión que nos aísla.

Nuestra armadura nos brinda fundamentalmente:

  • Protección emocional: Se crea para ocultar la vulnerabilidad, el miedo o la fragilidad, permitiendo que la persona se muestre fuerte o indiferente ante los demás.
  • Supervivencia psicológica: Al igual que una armadura física protege contra el daño, la armadura imaginaria nos ayuda a sobrevivir emocionalmente en entornos hostiles o estresantes.
  • Miedo a la autenticidad: A menudo construimos estas barreras por temor a ser juzgados, rechazados o heridos si mostramos quiénes somos realmente.
  • Adaptación: Es una forma de «armadura argumental» que nos permite mantener la compostura y seguir adelante.
  • Limitación: Aunque protege, esta armadura a menudo impide una verdadera conexión emocional y autenticidad en las relaciones. 

En esencia, es un «mecanismo de defensa» que construimos para evitar mostrar nuestra verdadera esencia y en muchos momentos de nuestra vida nos brinda un modo de protección por el tiempo que necesitamos para generar la fortaleza interior suficiente antes de enfrentar desafíos que pueden ser intimidantes. 

¿CÓMO CONVIVIMOS CON UNA ARMADURA IMAGINARIA?

Convivir con nuestra armadura imaginaria – entendida como las defensas emocionales – implica reconocerla, usarla conscientemente y no permitir que nos aísle. 

Proteccion Emocional: Uso Consciente y Conexión Genuina

Nuestra vida interior y nuestras interacciones sociales están profundamente influenciadas por una «armadura imaginaria»—el conjunto de defensas psicológicas y emocionales que hemos construido a lo largo del tiempo. Esta armadura, aunque invisible, juega un papel crucial en cómo nos enfrentamos al mundo y cómo gestionamos el dolor o la vulnerabilidad. Conviviendo con esta compleja estructura de protección, se vuelven indispensables tres acciones clave para asegurar que nos sirva de forma saludable y no se convierta en una prisión.

Reconocer la Armadura: El Primer Paso Hacia la Consciencia

La existencia de estas defensas debe pasar del inconsciente al consciente. Reconocerla implica una introspección honesta para identificar cuándo y cómo se activa esta armadura emocional. No es suficiente saber que existe; debemos observar sus manifestaciones:

  • ¿Qué dispara mi defensa? ¿Es la crítica, el miedo al rechazo, la intimidad o el fracaso?
  • ¿Cómo se manifiesta? ¿Se presenta como sarcasmo, evitación, perfeccionismo excesivo, silencio o ira?

Al ser conscientes de su existencia y de sus mecanismos de activación, comenzamos a desarmar su control automático. Este reconocimiento es el cimiento para cualquier gestión posterior, permitiéndonos ver la defensa no como una parte inalterable de nuestro ser, sino como una herramienta que podemos aprender a manejar.

Usarla Conscientemente: De la Reacción a la Protección Intencional.

Una vez reconocida, la armadura debe ser utilizada de forma consciente e intencional. Su propósito original es la protección, y en muchas situaciones es necesaria. El desafío reside en transformarla de una reacción impulsiva y desproporcionada a una estrategia de defensa meditada y calibrada.

  • Discriminación: Debemos aprender a distinguir entre amenazas reales y percibidas. No toda situación incómoda requiere el despliegue total de nuestras defensas más rígidas.
  • Gestión Activa: Usar la armadura conscientemente significa decidir qué grado de protección se necesita y por cuánto tiempo. Por ejemplo, podemos levantar una barrera temporal ante un ambiente tóxico, pero luego bajarla en un entorno seguro. Esto evita el desgaste innecesario y asegura que la defensa sirva a su propósito sin ahogarnos. La meta es que sea un escudo, no una celda.

Evitar el Aislamiento: La Armadura como Escudo, No como Muro

El peligro más grande de una armadura emocional rígida es que nos lleve al aislamiento. Si bien nos protege del dolor potencial, también nos aísla de la conexión, la intimidad y las oportunidades de crecimiento. Una defensa excesiva se convierte en un muro que nos separa de los demás, impidiendo la vulnerabilidad necesaria para las relaciones auténticas.

  • Fomentar la Conexión: Debemos practicar el arte de ser vulnerables de forma segura, permitiendo que otros se acerquen en contextos de confianza. La armadura debe tener una puerta, no solo paredes.
  • Equilibrio: El uso consciente busca un equilibrio entre la autoprotección y la apertura. Mantenemos nuestra esencia segura, pero no sacrificamos la riqueza de la experiencia humana y la conexión social en el proceso.

El Motor de la Armadura: La Fuerza de Nuestros Valores

La solidez y la funcionalidad de nuestra armadura emocional no dependen de su grosor, sino de la fuerza de lo que reside en su núcleo, nuestros valores (como la integridad, la honestidad, el respeto propio o la compasión) son el motor que dirige nuestras acciones y definen por qué y cuándo decidimos protegernos.

  • Cuando nuestras defensas están alineadas con valores sólidos, la armadura se vuelve flexible y ética. Se activa para proteger nuestra dignidad y coherencia, y no simplemente para evitar cualquier tipo de malestar.
  • Nuestros valores nos indican la dirección: nos guían para saber cuándo es el momento de defendernos con firmeza y cuándo es el momento de abrirnos con valentía, asegurando que nuestra protección no comprometa nuestra autenticidad ni nuestra capacidad de conectar profundamente.

Formas de convivir con la armadura interior:

  • Reconocimiento y conciencia: Entender que las defensas (autoexigencia, perfeccionismo, frialdad) se crearon para protegernos, pero pueden necesitar ajustes para no luchar contra nosotros mismos.
  • Oración y Verdad: Usar la «armadura de Dios» diariamente mediante la oración para algunos, y para otros con la meditación de modo tal de cubrir la mente con pensamientos positivos y rectos, y ceñirse con la verdad para evitar la vulnerabilidad.
  • Equilibrio emocional: Utilizar la coraza de la justicia para proteger el corazón y el escudo de la fe para calmar miedos ante situaciones difíciles.
  • Flexibilidad: Aprender cuándo «quitársela» para mostrar vulnerabilidad y conectar con otros, y cuándo ponérsela para protegerse de entornos dañinos. 

La clave es integrar la protección sin perder la humanidad, utilizando estas herramientas para fortalecer la paz interior en lugar de solo esconderse.

CoachAlexit

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