El coach ontológico no ofrece consejos ni soluciones directas; su rol es el de un observador profesional y un diseñador de conversaciones. Su intervención se centra en expandir la capacidad de acción del coachee (cliente) al modificar su manera de «ser» (su ontología).

Pilares de la Metodología
La Conversación como Herramienta Central: El coaching ontológico se basa en la premisa de que somos seres lingüísticos. El coach utiliza preguntas poderosas y distinciones lingüísticas (como la diferencia entre «juicio» y «hecho») para desafiar las narrativas limitantes del coachee. El objetivo es que el coachee logre «ver» lo que antes no podía, creando nuevas posibilidades a través del lenguaje.
Enfoque en el «Observador»: Se ayuda al coachee a tomar consciencia de que su realidad es una interpretación (un «observador») y no una verdad absoluta. Al cambiar el observador, cambian las posibilidades de acción y, por ende, los resultados.
Coordinación de Acciones: Se trabaja en el diseño de pedidos, ofertas, promesas y declaraciones efectivos. Un coach ayuda a mejorar la impecabilidad lingüística para coordinar acciones de manera más eficiente con otros, ya sea en el ámbito personal o profesional.
Gestión de Emociones y Corporalidad: El coach facilita el reconocimiento de la conexión indisoluble entre el lenguaje, la emoción y el cuerpo. Al tomar consciencia de sus estados de ánimo y posturas corporales, el coachee puede intervenir para generar estados emocionales que faciliten la acción deseada (por ejemplo, pasar de la frustración al compromiso).
En esencia, el coach ontológico acompaña al coachee en un proceso de aprendizaje transformacional que modifica su identidad, permitiéndole generar los resultados que antes parecían inalcanzables.
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